

AUTORES: Mario Caviedes Delgado,
Juan José Lagos
José Tello.
Amanda, como de costumbre, a las 3:00 de la tarde se dirige hacia su casa después de una agotadora jornada de trabajo en la cafetería “Margarita Pinta” situada en el centro de la ciudad de Pasto, diagonal al “AV Villas” y casi al lado de las oficinas de telefonía móvil “Claro”, donde trabaja de las 5:00 am hasta las 3:00 pm y donde aunque cobra un buen sueldo; aunque no está demasiado contenta con su trabajo, debido a que odia madrugar, como todo adolescente a sus 16 años, y su jefa, Margot; es un tanto cruel con ella.
En el camino recuerda la conversación que tuvieron en la mañana y de la que Amanda no creyó ni una sola palabra de aquella mujer, debido a que el tema era poco inusual y estaba segura que no fue con una muy buena intención. Hablaban del misterio de la calle 27, vía por la cual Amanda pasaba todos los días de madrugada para dirigirse al trabajo:
-
Margot – Se dice que por esa calle, cada treinta y uno de octubre siempre hay una persona que exactamente en ese punto desaparece.
-
Amanda – Bah! Permítame dudar con todo respeto de lo que me acaba de decir, nunca escuché nada de eso en toda mi vida sobre la calle 27, una calle totalmente normal.
-
Margot – Niñas… Siempre tan incrédulas. No me creas si no quieres, pero no olvides que mañana es treinta y uno de octubre y a la hora a la que debes pasar por ahí serás la única
-
Amanda – Y llegaré igual que siempre a mi trabajo
-
Margot – Eso espero niña… eso espero. Ahora ¡Ponte a trabajar!
Aunque esa conversación no deja de rondar por su cabeza, de repente le sucede en la Plaza de Nariño algo que la dejó impactada. Una señora ya mayor la estaba mirando fijamente desde el centro de la plaza, y en el momento en el que agachó la mirada para desconectar los cascos del celular...desapareció.
Impactada, Amanda decide sentarse un momento para observar el lugar: en medio se encuentra la estatua de Simón Bolívar, nombrado por algunos como libertador y por otros como asesino, a su derecha se encontraban los bancos Bancolombia, Banco de Bogotá y Banco Popular, todos uno al lado del otro, hasta terminar la cuadra con una Óptica, la cual nunca había observado antes, ya que Amanda es muy distraída cuando está escuchando música en la calle desde sus auriculares, lo cual es siempre. También observa nueves bancas alrededor de las estatua y de las cuales solo dos estaban totalmente vacías, algo normal, ya que estaban llenas de excremento de paloma, muy usuales en el lugar. En el banco inmediatamente a su derecha, un señor cabizbajo tirando migas de pan a las llamadas “Ratas del aire”, las cuales se amontonaban a sus pies e intentaban picar sus enormes zapatos negros.
Después de un buen rato de observación, decide que ya es hora de partir y regresar a casa, ya que mañana será un día duro en el trabajo, jornada continua y lo de siempre, madrugar.
Suena el despertador a las 4:00 am y los ojos de Amanda se abren poco a poco, queriendo cerrarse para seguir durmiendo. 4:15 am, después de un cuarto de hora, Amanda decide levantarse, ahora con menos tiempo debe arreglarse de prisa y salir cuanto antes de la casa para no llegar tarde, pues su jefa por tan solo un minuto de retraso le descuenta una hora de su sueldo.
Rápidamente corre a la cocina, abre la nevera y agarra el vaso de leche que dejó enfriando la noche anterior para tomársela precisamente en la mañana, se lo toma a toda prisa y al ponerlo en el lavaplatos estuvo a punto de romperlo debido a la fuerza con la que lo soltó, va al baño para cepillarse los dientes y al acabar, nuevamente regresa a su cuarto.
En su cuarto, el armario al lado de la puerta ya se encontraba abierto, por lo que Amanda tan solo tuvo que estirar la mano para alcanzar el uniforme de trabajo con el cual debe ir obligatoriamente. Son las 4:30 am, ya no tiene tiempo para ducharse, por lo que a toda prisa se pone el pantalón, luego la camisa y los zapatos que están debajo de la cama para luego en el baño peinarse y bajar corriendo a la puerta que da a la calle y dirigirse al trabajo.
A las 4:50 am Amanda pasa por la calle 27, comienza a sentir un escalofrío desde los pies a la cabeza, momento en el que se da cuenta que no lleva puestos los calcetines, - no debe ser tan difícil pasar por aquí, es una recta y ya estoy muy cerca del trabajo – pensó Amanda, mientras recordaba la conversación que tuvo con su jefa Margot.
No sabe por qué, pero siente miedo, mucho miedo y no entiende que es lo que sucede, pero de repente su vista comienza a nublarse y poco a poco va perdiendo la consciencia, hasta que… las cámara de seguridad revisadas posteriormente, demuestran cómo su cuerpo siguió caminando en línea recta hasta chocar con una pared, justo cuando las cámaras sin explicación se dañaron y nunca pudieron resolver el porqué de la desaparición de Amanda.
UN AÑO DESPUÉS
Una empleada de la cafetería Margarita Pinta, entrega la hoja de vida de una jovencita con ganas de trabajar, a la jefa Margot, la cual se dice por la zona, que tiene el don de la magia negra, otorgado su juventud, lo cual hizo que perdiera esta etapa de su vida, odiando desde entonces a toda adolescente que le recordara aquel suceso de la calle 27.
El MISTERIO DE LA CALLE 27

AUTORAS: Jessica Enríquez,
Ángela Ruiz,
Gabriela Fonseca,
Diana López
Nací en un lugar místico, donde el sol y la luna son la configuración de la Pacha Mama, bendita por su productiva tierra y condenada por su espíritu rebelde que se extiende en sentimiento de los que la habitan; fuera de los esquemas del pueblo manso que esperaban o subsistía en los imaginarios dominantes de quienes piden una república, esos mismos que se hacen llamar ministeriales y que están al mando de Simón Bolívar.
Es un panorama confuso para cada uno de nosotros, pero eso solo en cuestiones de a qué nación pertenecíamos. Porque la idea es clara. Yo soy Rosero Mercanchano, un sastre que por el momento desconoce lo que paso con su hogar debido a la colorada guerra, que a mi parecer ha dejado desolada por completo la ciudad.
Me encontraba cosiendo un hermoso vestido, al mejor estilo de la colonia, por encargo de la esposa de un mercader español, quien me lo había solicitado hace un mes para la cena de navidad que sería esa noche.
Había visto pasar muchas veces a los del ejército realista, y unos tantos que se les unían con flechas y palos; agitados, subían a toda marcha por aquella inclinada cuesta, donde se encontraba mi hogar y a la cual habían bautizada como la calle Buenaventura.
No le puse mucha atención aquella desordenada mañana, solo me preocupaba el hermoso vestido color perla que luciría esa noche la hija del mercader.
Muy a las 11 y como era de esperarse sonaron las campanas anunciando la misa que iba hasta la una de la tarde, tomé mi abrigo y para no hacerle más caso al tardío retraso de mi compromiso religioso. Cerré mi negocio que también era mi hogar, y me fui al templo de Santiago, sin saber que sería la última vez que vería esa húmeda pared donde colgaba mis geométricas reglas y dibujaba con mi polvorienta tiza los bosquejos de los más lindos vestidos, ese suelo maderoso de tapia y aquel bello balcón donde mi ciudad se veía como un suelo de tapices del color del pasto y las montañas.
Casi coronaba la tediosa cuesta que representaba “la 23”, cuando escuché un gran disparo, sucesivo de muchos más tiroteos, así que re direccioné mi camino, e intenté huir. Digo intenté, porque no tardó un militar republicano en tocar mi espalda y, sin dejar de apuntar su fusil sobre mi espalda me dijo:
-¿Republicano o liberal?
-Soy un sastre de la ciudad, no pertenezco al ejército-dije con una voz débil y temblorosa
-¡IDIOTA! ESO YA LO SE, lo que te pregunto es si eres del libertador o de los sucios e ignorantes realistas-lo dijo con una burlona e incipiente risa
-No, yo soy republicano- creo que hasta en mi tono de voz, no solo se notaba mi gran mentira sino también, se sentía el desprecio por los sucios republicanos.
Me quitó sin remordimiento el arma que apuntaba mi cabeza y se marchó sin más. Ahora todo tomaba sentido, unos días atrás Agustín, un viejo amigo mío y bajo las ideas de un tal Boves, de origen español, se habían alzado en contra del orden republicano de Bolívar .
Aunque la mayoría de los pastuso teníamos claro que no queríamos formar un estado independiente de la corona, no éramos un ejército lo suficientemente grande para combatir los hombres del ejército republicano. Y eso lo sabía hasta yo, que el arma más estratégica que había tenido entre mis manos eran unas tijeras mochas de tanto cortar tela áspera.
Ahora y después de haber ampollado mis pies al tratar de huir de la guerra que terminó por decolorar las apiedradas y coloniales calles inclinadas sobre las que se encontraba mi casa. En esta inmensa desolación e impotencia puedo decirles a los “queridos republicanos” que aunque lograron vencer nuestras tropas, violaron nuestras mujeres y saquearon nuestras casas, el alma grita: ¡SE OBEDECE, PERO NO SE CUMPLE!
EL SASTRE DE LA NAVIDAD
NEGRA

AUTORES: Valentina Lasso,
Jonathan Nastacuás
Erick Torres
Como toda antigua ciudad, tenía por ley su ejido, un gran baldío para uso de todo el vecindario. Este bello ejido de Pasto arrancaba de norte a sur de la conjunción de dos ríos que bañaban el Valle de atriz, el Río Buesaquillo y el Río Chapal o de las Monjas.
El Rio Chapal o de las monjas denominado así por ser ellas propietarias de un molino de piedra situado sobre el río, sería el lugar donde se levantaría la capilla de la Panadería. A partir del 22 de noviembre de 1611, las religiosas cedieron en arriendo este molino a los padres dominicos, juntamente con la huerta donde sembrarían pan y para beneficio de la gente pondrían a funcionar dicho molino.
Se construyó un gran depósito para bodega de los granos y albergue de los clientes. Hoy como ayer y ayer mejor que nunca, Pasto ha sido el mejor Terreno para el cultivo del mejor trigo. Así, pues todos los vecinos que tenían su parcela la sembraban de trigo con la seguridad de tener pan para cada día.
El molino otorgó grandes beneficios y de este modo se pudo ayudar a mucha gente que vivía del negocio y al otro lado del río, varias personas vieron el negocio de moler trigo y vender harina bastante rentable, entonces decidieron construir tiendas, formando un barrio y allí vendían el incomparable producto, harina de trigo. Pero otros fueron más allá: viendo el incremento de dichas tiendas y pensando en algo más en grande construyeron "hornos", o panaderías, y comenzaron a ofrecer pan y la gente iba en gran cantidad y se pensó en designar el nuevo lugar como "Panadería", y luego "Barrio de la Panadería".
Era el año 1712, cuando nació la idea de construir una iglesia…. Y …. Una mañana uno de los devotos se acercó a la casa de un vecino y le dijo.
-
Juan Fernández De Paredes: toc toc toc . muy buenos días hay alguien en casa?
-
Sebastián Armero: ¡ya va ya va! ¿ quién llama?
-
Juan Fernández: soy yo vecino. Juan Fernández
-
Sebastián: ahhh ya. ¿Cómo le va ? ….. ¿que se le ofrece?
-
Juan: vengo por el asunto que le comente ayer en la tarde. ¿ recuerda?
-
Sebastián : mmmmm sigue usted con la idea de levantar una capilla… ¿es eso no?
-
Juan: claro que si vecino. Le dije que es necesario que se construya una capilla con el fin de tener donde venerar la imagen de la virgen del Rosario.
-
Sebastián: sí, estoy de acuerdo. Pero tenga en cuenta que ese tema ya está en manos de Monseñor y se va a construir la iglesia en honor a San Sebastián y no podemos hacer dos iglesias.
-
Juan: si entiendo, pero piense que no podemos dejar de lado a nuestra señora y sería mejor colocarle el nombre del barrio. Usted se ha dado cuenta que los habitantes del sector han luchado mucho tiempo por una iglesia que acá comenzó con la siembra de pan y lo más correcto sería colocarle el nombre de Iglesia de la Panadería.
-
Sebastián : mire yo no voy a entrar en conflicto con usted por ser parte de la junta, yo acá soy el presidente y ya decidimos con monseñor y lo de la capilla ya está decidido; lo único que hace falta es el aval de la Alcaldía y con eso se comienza la construcción.
-
Juan : está bien, si ustedes se niegan a construir una iglesia con el nombre de nuestra señora del Rosario y que lleve por nombre iglesia de la panadería yo buscaré también el permiso para levantar mi capilla y no se diga más.
-
Sebastián : haga lo que quiera. De todos modos monseñor no le respaldará su decisión y no hay recursos para levantar dos iglesias.
-
Juan : buscaré la forma ya lo verá… además tengo mucha gente de mi lado que apoya mi idea y usted no va a intervenir en ello.
Por otra parte… al día siguiente Juan ofuscado decidió acudir donde monseñor y junto con una comitiva del barrio se fue a exponer su caso:
-
Juan : buenos días señorita secretaria. ¿Sería usted tan gentil de buscarme un espacio para ser atendido por monseñor?
-
Secretaria : buenos días señor. Lamento decirle que monseñor no atiende en este momento y para buscarle una cita no es posible en los próximos quince días.
-
Juan : me urge verlo. Por favor necesito su colaboración.
Y ….. justo en aquel instante, Sebastián está saliendo de su despacho y besa la mano de monseñor en actitud de reverencia, mientras le dice a Monseñor que está totalmente satisfecho con lo logrado en la reunión y que espera que sea de todo su agrado este nuevo proyecto que van a comenzar. En ese momento Juan se acerca al Monseñor:
-
Juan : monseñor – monseñor escúcheme por favor. Regáleme dos minutos de su tiempo.
-
Monseñor: ¿que se te ofrece hijo?
Sebastián interrumpe diciendo que Juan es habitante del barrio y que insiste en levantar otra capilla con el nombre de iglesia de la panadería y que le ha dicho que no es posible, porque su proyecto de construir la iglesia en honor a san Sebastián ya es un hecho pero no quiere entender y lo único que ha logrado es dividir el barrio después de haber sido un lugar tranquilo y lleno de paz.
-
Juan : monseñor perdón pero es él quien está por encima de todos porque tiene su respaldo y se adelantó en el intento pero nosotros solo queremos solicitar su respaldo para pedir recursos y crear también un lugar donde podamos venerar la imagen de la Virgen del Rosario y que lleve por nombre iglesia de la panadería pero este hombre ha indispuesto a todos diciendo que solo se construirá la iglesia que él quiere.
-
Monseñor : Que pesar siento al ver que la creación de una obra maravillosa haya sido motivo de discordia en un lugar donde todos han contribuido para lograr lo que hoy es la calle de la panadería.
No veo razón para tanto conflicto. Sencillamente se puede dar solución a este asunto sin necesidad de dividirse y entrar en guerra.
En ese momento, Monseñor declaró que se construiría una sola iglesia porque no se contaba con los recursos necesarios para hacer dos capillas, además alegando que si hubiesen los recursos, ésa sería una razón más para crear enemistades y que la intención de la iglesia era la de fortalecer una sola familia, una sola iglesia que venerara la imagen de nuestra señora del Rosario y su patrón y mártir, San Sebastián. Ante la intervención de Monseñor, Juan dijo:
-
Juan : Dios lo bendiga monseñor. Mil gracias por su comprensión y por darnos una buena solución a este conflicto.
-
Sebastián : bueno… al final nadie perdió. Agradezco su gentileza monseñor- buen día.
Así fue como todos quedaron felices, tranquilos y satisfechos. Todos pudieron compartir momentos de alegría y colaboración en un solo templo, que une la fe de los feligreses de la calle de la Panadería y de nuestra bella ciudad de Pasto.