top of page

AUTORES: Daniel Vallejo,

                      Edison Muñoz

                    Andrés Guasmayán.

 

El día 17 de noviembre del año 2017 salimos un pequeño, pero el mejor grupo de búsqueda a hacer una pequeña investigación sobre un personaje llamado Nariño, precisamente el lugar donde este héroe, personaje querido por mucho y odiado por pocos, estaba inmortalizado en una imponente estatua en la ciudad de Pasto.

El grupo, conformado por Waz, el loco Edi y mi persona, salimos tras el rastro de este personaje desde la Universidad Mariana. Todo empezó con una frase:

 

  • Hay que entregar ese trabajo de taller para el viernes...

 

Desde ese momento sabíamos que teníamos el tiempo contado para la entrega.

 

  • Vamos, dijo Edi. Subamos y averigüemos lo que podamos

 

Salimos de la universidad ynos encaminamos hasta el Banco de la República, la biblioteca principal de la ciudad que contiene mucha historia, la cual nos puede llevar a encontrar a Nariño.

 

La caminata empezó cuesta arriba por el sector del Parque Infantil. Subimos recochando o molestando, recordando viejas anécdotas e historias que nos han pasado, hablando del presente del pasado, y qué nos depara el futuro, caminando con la incertidumbre, pero con toda la disposición, claro hasta cierto punto:

 

  • Qué hambre, Waz

  • No, eso está muy lejos Edi

  • Parce que frío, éste clima de pasto está muy raro

  • No parce enserio que hambre, Waz

  • ¡Bueno que ganas de empanaditas!, ¿cierto?

  • ¡Bueno pongamos plata y compremos para comer!, dijo Edi

  • Pero subamos dos cuadras más, ahí hay unas empanadas bien ricas, dijo Waz

 

Entonces, caminamos 2 cuadras más y entramos al sitio de empanadas, donde una señora muy linda... la verdad más buena gente que linda, nos atendió con mucha amabilidad, las cuales pedimos para llevar. Seguimos caminando y probamos las tres clases de ají con éste plato típico pastuso. Nos comimos cuatro enseguida, yles aplicamos bastante ají, teníamos mucha hambre la verdad, y dejamos el resto para el camino.

 

Pero en ese preciso momento a salir de ese lugar, nos encontramos con nuestro peor enemigo no era el clima, era su hija, la lluvia; esta hermosa pero fría tempestad, nos hizo esconder por varios minutos, lo cual entorpeció nuestra investigación, nuestro camino y nuestra misión. Pero no sólo eso, también la lluvia espantó la gente que nos iba a contar historias y darnos información para encontrar la plaza de Nariño, y por ende su magnífica estatua.

 

Lo que no sabíamos era que la lluvia se enamoró de una forma rara de nosotros, pues cada vez que caminábamos 2 cuadras, la lluvia desataba todo su amor contra nosotros. Las cosas siguieron así hasta que, por fin, llegamos a la gran biblioteca.

 

Muy amablemente, un señor nos brindó toda su atención y su colaboración, nos prestó unas libros e imágenes y nos enseñó el camino para poder llegar a la hermosa. plaza de Nariño, y poder encontrar su estatua, donde hay gran variedad de historias, pero esa será una historia aparte.

 

Cansados de tanto caminar, por fin llegamos y encontramos a la Plaza:

 

  • Bros por fin, será posible,

  • Hemos llegado, lo logramos Edi,

  • ¡Si, desde aquí puedo observarla, es hermosa! Waz

  • Vamos. miremos a ver qué más encontramos.

 

Después de tanto caminar. La hermosa y fría lluvia, nuestra ropa, todos completamente mojados, y el cansancio de nuestros cuerpos, no se puede describir una sensación mejor la cual es con el sacrificio, ante todo, lograr el objetivo propuesto, conocer y encontrar la plaza de Nariño y ver esa hermosa figura, del libertador, Nariño frente a nosotros.

AUTORES:David Andrés Sánchez Chamorro  David Esteban García Torres

Érase una vez un joven que vivía en la hermosa ciudad de San Juan de Pasto, todos los días iba a su trabajo ubicado en el sector norte de la ciudad, cerca del Barrio el Dorado. Prefería ir a pie y no en carro o bus, le gustaba pasar por el barrio San Andrés, especialmente cerca de un parque muy lindo, el cual está lleno de flores y bancas; en una esquina siempre veía una estatua de un valiente pastuso, don Gonzalo Rodríguez, quien fue asesinado en ese mismo sitio; y hacia un costado, la hermosa iglesia de San Andrés.

Cada mañana tomaba la misma ruta, y siempre visitaba este lugar, para él era su lugar preferido en el recorrido, le gustaba caminar por ahí y mirar la estatua, el parque y entrar a la iglesia. Pero lo que este chico no se imaginaba es que en una de las bancas de este parque siempre se sentaba un anciano, un señor de sombrero y de traje el cual, sin darse cuenta, siempre lo veía con mala cara y con una expresión de fastidio, como si su presencia lo incomodara y no quisiera que estuviera en ese lugar.

Una mañana, aquel muchacho pasaba como de costumbre cuando aquel anciano de sombrero se le acercó y aunque el anciano lo mirò mal, el muchacho lo saludó con amabilidad, y sin cruzar una palabra más, continuó con su recorrido. Alcanzò a dar dos pasos y en ese momento el anciano se le volvió a acercar, preguntándole el por qué paseaba siempre por el parque. Fue entonces cuando le ordenó que se retirara de aquel lugar, a lo cual aquel muchacho muy molesto, le contestó que este parque era un lugar en donde se podía caminar libremente ya que era un sitio publico y que nadie lo podía obligar a que no caminase por ahí.

Discutieron por un largo rato, pero aquel joven se fue y siguió con su recorrido, mientras el señor lo amenazó diciéndole que no lo iba a dejar tranquilo hasta que ya no dejara de pasar por el barrio San Andrés, a lo que el muchacho respondió, que no le iba a dar ese gusto que se ahorre las amenazas y sus malas intenciones.

Al pasar los días, el joven siguió tomando su ruta, aunque la situaciòn se fue tornando cada vez más tensa. El joven llegò incluso a pensar en cambiar su ruta para evitar problemas; pero antes de tomar una decisión, el muchacho le contó su historia al sacerdote de la iglesia de San Andrés, quien le ofreció su ayuda y que intercederìa para que el altercado terminara, hablando directamente con el señor de sombrero elegante.

 

A la mañana siguiente el sacerdote abrió las puertas de la iglesia y ahí estaba el anciano esperando para hablar con él, su expresión era de arrepentimiento y de vergüenza, algo que sorprendió bastante al sacerdote:.

-Cuál es el motivo de tus pesares –Dijo el padre con cierta expectativa.

-Me siento un poco culpable, por la forma en cómo he actuado estos últimos días

-Culpable por qué, ¿hiciste algo malo? –Preguntó el sacerdote.

-Actué mal con respecto a un joven caminante, lo traté mal, lo amenacé e hice su vida imposible al pasar por esta hermosa calle –Dijo el anciano con tono de arrepentimiento.

-No tienes por qué avergonzarte, los seres humanos cometemos errores y lo importante es querer pedir disculpas por lo cometido y no repetir estos actos de odio y rencor

- ¿Está seguro de esto sacerdote?, ¿cree que el joven caminante pueda disculparme después de tal error?

-Tranquilo hijo, yo me voy a encargar de resolver este malentendido y hacer que puedan disculparse por los actos cometidos –Afirmó el sacerdote.

Entonces el sacerdote decidiò citar tanto al joven como al anciano en la iglesia al día siguiente para que puedan hablar y aclarar los actos cometidos.

El anciano sin saber el motivo de su cita en la iglesia, se despierta con cierta culpabilidad y se arregla para asistir a su reunión con el sacerdote de la iglesia, por el contrario, el joven se despierta y con cierta cantidad de ansias debido a que él sabe para qué es esta reunión y aunque con un poco de rencor, sus expectativas son muy altas y se dirige a la tan esperada reunión.

El joven asistió en primer lugar a la iglesia y se sentó junto con el sacerdote a esperar la llegada del anciano. A los pocos minutos, el anciano llegó y se encontró con una sorpresa inesperada cuando vió al joven caminante. Con paso lento, el anciano se acercó hacia el lugar y es en este momento es el anciano quien pronunció la primera palabra, pidiéndole disculpas al joven por todo lo vivido en el pasado y prometiéndole no volver a cometer estos errores.

Ante sus palabras, el muchacho se enterneció y se dirigió directamente hacia el anciano para abrazarlo fuertemente, diciéndole que es culpa de los dos por no aclarar los sucesos y recordándole que se van a mirar todos los días y que espera recibir un caluroso saludo todas las mañanas, terminando por resolver este pequeño problema y haciendo que la ruta del joven caminante se vuelva mucho más amena e inolvidable.

 

AUTORES: Angie Chaves,

                     Chabely Gómez,

                     Stella Delgado,

                     Alejandra Ordóñez.

 

 

EN BUSQUEDA DE NARIÑO

EL CAMINO DE LA CALLE 

SAN ANDRÉS

NARICES DE LUNA

bottom of page